viernes, 11 de enero de 2013

LA CONFIANZA ES POSIBLE

Hace una semana que he vuelto a aterrizar en Nueva Zelanda, y vuelvo a reiterar que este país es increíble. No deja de sorprenderme!

Estos últimos días he estado viajando con dos Natalias. Natalia mi prima (que vino de visita) y Natalia Cuevas (que se queda conmigo en esta great adventure).

Aterrizamos las tres en el aeropuerto de Christchurch, el mismo día, pero a diferentes horas y fue ahí donde empezó nuestra gran aventura.


Nos quedamos en Christchurch unos días, planeando a dónde ir y qué hacer. Decidimos coger carretera y dirigirnos a Kaikoura donde teníamos pensado pasar la noche. Sin embargo nada más salir de la gran ciudad, nuestros planes cambioron radicalmente cuando acogimos en nuestro coche a un autoestopista, que a parte de ser guapísimo resultó ser argentino.

Él se dirigía hacia Nelson (al norte de la isla sur) así que ni cortas ni perezosas cambiamos nuestros planes y nos dirigimos más al norte. No llegamos a llevarle hasta Nelson, pero le dejamos bastante cerquita.



Al día siguiente volvimos a coger coche para acercarnos al parque natural de Abel Tasman, y por fortuna el camping al que queríamos ir estaba lleno. Digo por fortuna porque la solución que se nos ocurrió fue mucho mejor y más auténtica.

Decidimos tocar la puerta de una casa y preguntarles si podíamos acampar esa noche en su jardín. Ellos, sin dudarlo ni un solo segundo, no sólo nos dejaron acampar en su jardín, sino que nos abrieron las puertas de su casa de par en par!


Al despedirnos de ellos, nos regalaron un paquetito de unos pececitos muy pequeños, que pensamos que eran una especie de camarones o algo así. Pero para nuestra grata sorpresa, cuando los empezamos a cocinar en nuestro maravillos camping gas, nos dimos cuenta que no era cualquier pescado, si no que eran ANGULAS!



Nada de la Gula del Norte, las de verdad de la buena!

No es aquí donde termina nuestra buena suerte con la maravillosa cultura neozelandesa.
Ayer por la noche tuvimos otra grata sorpresa, cuando llegamos a Nelson sin ningún sitio donde dormir decidimos pasar nuestra primera noche en el coche.

Pero parece ser, que los neozelandeses no quieren que lo pasemos mal, porque cuando estábamos cocinando la cena en una acera, una familia que vivía justo donde aparcamos el coche nos ofreció un cuarto con una cama de matrimonio en su casa. Y cómo no, no pudimos negarnos. Así que una vez más, vuelvo a flipar con este país.



Para terminar este post. Quiero recalcar, que no estamos siendo NADA desorganizadas. Tenemos un orden muy estricto en el coche y queremos que sepáis que Ikea no nos llega ni a la suela de los zapatos.

Primero fuimos a por el material, que por cierto nos salió muy barato, bueno más bien gratis:



Y luego nos pusimos manos a la obra para crear nuestro maletero/armario/baño/cocina:



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