¡QUÉ DESMADRE!
Salimos de las granjas, el silencio, los mosquitos y poca gente, para meternos en la jungla de la gran ciudad.
Natalia lleva 2 meses sin ver una gran ciudad y yo llevo 6. ¡Qué choque!
Nos sentimos completamente perdidas, pueblerinas total. La gente nos arroya por las aceras y el ruido es ensordecedor.
Al llegar al albergue nos sorprendemos de lo grande que es, de la cantidad de gente que hay y de el ruido, sobretodo del ruido.
Nuestras compis de habitación son unas completas pilinguis, por decirlo suavemente, y el albergue no es que este limpio precisamente. Para subir a la cama de arriba tengo que hacer unos cuantos saltos de cama en cama y la sensación de ruido es horrible. Por la noche a pasado un camión que pensamos que nos iba a atropellar.
En realidad nuestra idea era beber unas cuantas cervezas y salir a dar una vuelta y conocer a algún kiwi estupendo, pero nos quedamos tan en shock que nuestro plan se fue al garete. Dimos una vuelta por la city y reconocemos que se nos había olvidado lo que era una gran ciudad, la gente borracha, la suciedad y el maldito RUIDO!
Nos empezamos a preocupar qué va a ser de nosotras el día que aterricemos en Madrid.
Imaginaros como ha sido el ruido que Natalia se ha despertado solita a las 7:30 de la mañana, lo nunca visto! Si, si, yo también me he quedado loca cuando la he visto asomarse por mi litera, e intentar coger las llaves del coche para irse a hacer un café.
Así que aquí estamos con nuestros cafés y tostadas (con la mermelada de la Yaya) preparándonos a conocer la ciudad de Wellington.
Lo que nos va a acompañar para toda la segunda etapa es nuestro nuevo cantante favorito:
CHARLIE PRIDE!!! YIIIHAAAAAAA
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