He de deciros que el madrugón a sido más que recompensado. Qué bonito día hace hoy en Otago!
Después de ver el amanecer y congelarnos los pies, hemos vuelto a Dunedin y hemos comido un desayuno de campeones: huevos revueltos con salchicas, tortitas, queso, cereales etc.
Después del desayuno nos sentíamos como nuevas, y unas han decidido irse de compras y Yuki y yo hemos decidido ir a dar un paseo y ver los pingüinos de la Península de Otago.
¡Qué maravilla de día!
Después de este maravilloso paseo, llegamos a mi casa con la cámara todavía pegada al capó y BUUUM!!
¡SORPRESA!
El medico estupendísimo, moreno, ojos azules, está justo en la puerta de mi casa hablando con unos amigos, y de nuevo la cara de tonta que se me queda es un cuadro. (Por lo visto es amigo de mis vecinos). Sí, esos que me han visto la ropa interior desteñida, todo sea dicho de paso.
Ahora, su cara tampoco es que fuera mejor que la mia, por poco se le salen los ojos de las órbitas, palabras dichas por Yuki no por mi. Aún sigo sin creérmelo la verdad.
Cuando nos hemos visto (yo aparcando, y él fuera con un balón de rugby, que por cierto casi se le cae) nos hemos saludado con un gesto bastante estúpido de mano, y sus amigos se han empezado a reír, lo que no nos ha ayudado mucho.
Como éramos pocos, parió la abuela y mi compi de piso justo salía de casa. Vamos una situación un poco extraña. Eso sí, nunca sin perder la sonrisa, como me dijo mi tía Karina!
Lo peor de todo:
sigo sin tener su número. Hoy ha habido un pequeño avance, pero no he conseguido mucho, por lo menos ya sabe dónde vivo. Quizá me lo vuelva a encontrar.
To be continued...
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