miércoles, 31 de octubre de 2012

Los grandes placeres de la vida

Por suerte no tengo muchos vicios, y los pocos vicios que tengo no es que sean muy dañinos para la salud. Hace casi 7 meses que dejé el peor demi vicios: el fumeteo (papá tranquilo, que solo lo digo para darle enganche al post, pero en realidad no he fumado nunca).

Hoy en día mis grandes vicios son: comer, dormir, leer, tejer y escuchar AndaYa de los 40 Principales, ya que casi siempre que los escucho me acuerdo de mi gran amiga La Cristi.

Como veis, comer lo he puesto en primer lugar, porque es con lo que más disfruto de todo. Cuando me preguntar qué es lo que más echo de menos de España, siempre contesto lo mismo, la comida de Rosita y mi abuela. 

Desde que estoy aqui, comer comer tampoco es que coma como en casa de mi abuela. Basicamente de lo que me he alimentado estas dos últimas semanas es a base de comida India del restaurante que está a la vuelta de mi casa, noodles instantáneos y sopas de sobre. 

En mi defensa diré que sí que me gusta cocinar, y que por lo general no se me da nada mal. Pero no se por qué, como que se está pegando el modo de vida de mis compis de piso, ir a lo fácil y rápido. 

Pero el otro día entré en un Pub irlandés y me fijé que el plato del día era un buen chuletón de vaca neozelandesa, que nada tienen que envidiar a las españolas, dos huevos fritos acompañado de patatas, ensalada y una pinta de cerveza, todo esto por el módico precio de 14 Euros.






Como veis no me pude resistir. Al principio nome lo iba a pedir, pero el que estaba sentado a mi lado en la barra se lo pidió, y cuando se lo trajeron se me hizo la boca agua. 

Y os aseguro que después de una semana dando tumbos y comiendo noodles de sobre y kiwis medio pochos por el sol, literalmente acabé babeando.

Cuando se lo pedí al camarero me advirtió que era muy grande y que probablemente no me lo iba a acabar, que si quería una ración un poco más pequeña. Mi cara de alucinada y ofendida lo dijo todo e incluso le pedí que me pusiera extra de patatas, y él con una sonrisa de "tu misma" ordenó en cocina la ración grande.





¡Vamos que si me lo acabé! 
pero como una campeona vamos, eso sí me tuve que desabrochar el primer botón del pantalón disimuladamente, porque además el camarero se quedó tan alucinado que me invito a dos pintas más de cerveza por haber duda de mi capacidad de comer.

De tanto hablar de comida, me está entrando hambre y me acaba de escribir mi vecino que hay oferta en el restaurante koreano, así que hay que voy!





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